Uno es como es, vivió lo que vivió y lo educaron, para bien o para mal, como lo educaron. Por eso, por ser como soy y por mis circunstancias la verdad es que no soy el más acérrimo defensor de balnearios y spás (curiosa palabra) que puede haber en el mundo, es más, ni los frecuento. Me producen una tristeza, una melancolía rayana en lo depresivo. Si, si, ya se que no tiene porque ser así pero...
